Un clásico de metal con fanáticos a la argentina...
Algo ha cambiado en los conciertos en México. Hay una nueva generación que, desde que tiene uso de memoria, los conciertos de
rock han sido “el pan de todos los días”. La generación de veinteañeros y aún menores, no padecieron el hambre por tener bandas en vivo, ahí están, como bendecidos, grabando con sus celulares cada rola aunque la calidad sea ínfima y deplorable, todo quieren captarlo y subirlo al
Facebook o
YouTube.
En la primer noche en la ciudad de México como parte de su gira
Killing Road, esa nueva generación fue la que predomino entre la audiencia. Corearon hasta la ignominia todas y cada una de las rolas, pero ellos fueron más allá, corearon hasta los riffs y solos, en una poco original copia a esos conciertos de
Megadeth en Argentina capturados en el DVD
That One Night Live in Buenos Aires.
Era tan incomodo como el sonido de un plumón sobre un pizarrón, más insufrible que un discurso de Noroña. Era de pena ajena. Sí, lo gozaron al estilo argentino, hicieron su slam, pero no todos querían ver a los protagonistas de al lado, sino que
Megadeth era la estrella.
La banda estuvo perfecta en cuestión de ejecución, el setlist no tuvo falla, sonaron rolas como “
In My Darkest Hour”, “
Hangar 18”, “
Skin o´ My Teeth”, “
She Wolf”, “
Angry Again”, “
A Tout le Monde”, “
Dawn Patrol”, “
Whose Life”, “
Public Enemy No. 1”, “
Sweating Bullets”, “
Symphony of Destruction”, “
Peace Cells” y “
Holy Wars”.
La banda realmente está en uno de sus mejores momentos en cuestión de ejecución y con una carrera repleta éxitos. Sin embargo, el sonido del lugar era malo, saturado en bajos, casi no se escuchaba la voz de
Dave Mustaine, en parte por las deficiencia sonora del inmueble y la otra por el insistente coro de la fanaticada que imitó a papel calca la experiencia que, bien o mal, inventaron los argentinos.